Café, ¿amigo o enemigo? Depende!

Sin duda, recientemente ha escuchado o leído información contradictoria sobre los efectos del consumo de café. Algunos beben café por costumbre, necesidad, placer o tabú.

En los últimos años, ha habido muchas formas y oportunidades de servir café: en casa, en la oficina, en la cafetería, en las gasolineras, en la máquina expendedora de la calle. El café es la excusa muy antigua para una reunión o discusión de negocios. Podemos entender, por tanto, que el número de consumidores y amantes del café es enorme. Por tanto, es bueno aclarar el impacto del consumo de café en nuestra salud.

El café es sin duda una poderosa fuente de antioxidantes. También hay estudios recientes en ratones que han demostrado que tiene un efecto positivo en la reducción del colesterol en ratones que consumen tanto café como grasas e incluso que reduce la permeabilidad intestinal. Además, los estudios han demostrado que el consumo moderado de café reduce el riesgo de diabetes, estimula la memoria, la función cognitiva y el buen humor, acelera el metabolismo y aumenta la energía en los deportistas.

Por otro lado, el café también puede ser adictivo, influyendo en las hormonas del estrés y generando un estado de fatiga al mismo tiempo que el estallido energético creado.

Cuando debemos evitar el café

El impacto del consumo de café en la salud varía de una persona a otra. A menudo, la respuesta del cuerpo a la cafeína está determinada por diferencias genéticas en el proceso del metabolismo de la cafeína. Para algunas personas, una taza de café es suficiente para tener un estado de agitación y un aumento de energía, mientras que otras personas pueden consumir un expreso concentrado por la noche y, sin embargo, conciliar el sueño con facilidad.

Se recomienda que quienes se sientan cansados, inquietos o tengan palpitaciones eviten el café. Lo mismo ocurre con quienes sufren de fatiga suprarrenal o hipertensión, pasan por períodos estresantes o carecen de calcio y magnesio. En algunos casos, ciertos componentes del café pueden interferir con el metabolismo de algunos medicamentos, dificultando la desintoxicación normal del hígado.

A menudo, las personas reemplazan las comidas con café, porque consumirlo puede retrasar la sensación de hambre. Esto está muy mal, porque no se debe ignorar el hambre. Posponer la comida reduce el azúcar en sangre, lo que luego induce una serie de reacciones adversas en el cuerpo.

Si descubre que no puede funcionar normalmente sin café o sin beber más de 2-3 tazas al día, es una buena idea considerar que puede ser adicto. Si al dejar de tomar café padeces síntomas de abstinencia, como dolores de cabeza o nerviosismo, la dependencia fisiológica es obvia.

Cómo reducir o eliminar el café

El paso más sencillo en este proceso es reducir la cantidad consumida, de unas pocas tazas a una o medio día. Cuando se sirve como un ritual, el café se puede reemplazar con té verde o infusiones de hierbas. Para compensar la falta temporal de energía, le recomiendo que beba suficiente agua y haga ejercicio. Si está agitado y no puede dormir, agregue un suplemento de magnesio.

Si luego de reducir o eliminar el consumo de café empiezas a sentirte mejor, es una señal de que es bueno dejar este hábito o consumir café solo ocasionalmente. Puede reemplazar el café con varios tés o cafés a base de extractos de plantas, como cebada o achicoria en polvo, o con otros tipos de bebidas energéticas saludables.

Incluso si decide tomar café de vez en cuando, evite agregar leche o azúcar. Para enriquecerlo, puede utilizar anacardo / leche de almendras (u otra leche vegetal), mantequilla de coco y canela.